La multitud reunida este sábado en Baiona ha sido más que una foto potente. Con la convocatoria de SEASKA y el apoyo de toda la red de ikastolas, cientos de personas -alumnos, profesores, padres y euskaltzales- hemos manifestado que no vamos a permitir que se retrase el derecho a hacer el Bajo en euskera.
Las palabras del manifiesto recibieron bien el sentimiento: “Hoy nos quejamos. Sinceramente, queja. Una vez más nuestro idioma es tratado como un idioma secundario”. Los alumnos de Etxepare Lizeoa y Seaska han realizado toda su carrera en euskera desde Ttipi, y cuando llegan los 18 años, desde París se les dice que tendrán que hacer todos los exámenes de Basto en francés; también en las pruebas de Matemáticas e Historia-Geografía, que hasta 2020 era posible hacer en euskera. Para el movimiento de las ikastolas, esto no es consecuencia de una “adaptación técnica”, sino de una política que vulnera los derechos lingüísticos.
Hace apenas dos semanas, el ministro de Educación, Edouard Geffray, confesó que, finalmente, la reforma del Bajo del ministro Blanquer había excluido las lenguas minorizadas y se mostró dispuesto a estudiar las enmiendas para que el euskera ocupe su lugar en el bajo. Pero como se recordó en el manifiesto, “en lugar de reparar el daño de inmediato”, el ministro ha anunciado un período de reflexión hasta el verano para decidir qué hacer a partir de 2027; en el mejor de los casos, los cambios se sentirían en el bajo de 2028. Para el movimiento de las ikastolas, ese es el principal problema: dejar la puerta cerrada a los alumnos de hoy, que pasarán el Bajo en 2026 y 2027, en nombre de un “después” abstracto.
Es más, mientras tanto, se retira: se anuncia que la prueba de Matemáticas que se añadirá el próximo mes de junio será íntegramente en francés, aunque la orden no especifica el idioma del examen y cuenta con profesorado euskaldun suficiente para garantizar una corrección bilingüe. El manifiesto hacía una pregunta clara: “¿Dónde está la lógica? ¿Dónde está la pedagogía?”. Desde la perspectiva de las ikastolas, el discurso del ministerio —buena voluntad, calendario laboral, de cara al 2027…— pierde credibilidad cuando las decisiones reales van en sentido contrario.
Tampoco se han olvidado las cuentas del pasado mayo-junio. El nuevo rector de Burdeos, Jean-Marc Huart, habló con optimismo al día siguiente de la Tamborrada gigante, pero en la práctica, en junio de 2025 decenas de alumnos no pudieron pasar la Gran Oral en euskera, al contrario que en 2024, porque no se convocaron intencionadamente a profesores vascos a la corrección. Esto demuestra que, según el movimiento de las ikastolas, no es suficiente con las declaraciones; se necesitan medidas organizadas, y por eso se ha puesto el foco en los pasos que se pueden realizar de forma inmediata.
Matemáticas y Gran Oral
Uno de los puntos más importantes que se recordó en el manifiesto es este: el primer examen de Matemáticas que realizarán los alumnos de primero en junio de 2026 es una de las pruebas del bajo de 2027, por lo que para que el cambio sea en el bajo de 2027, debe comenzar este mismo año, permitiendo que la prueba de Matemáticas de primero se realice en euskera. El mensaje de SEASKA y del movimiento de las ikastolas es preciso: si hay buena voluntad, este mismo año se debe dar la oportunidad de hablar en euskera, tanto a los alumnos de Lehen en Matemáticas, como a los alumnos de la Terminal en Grande Oral. No hay problemas jurídicos, ni técnicos, ni falta de dinero; solo falta voluntad política.
La movilización de Baiona, por tanto, no ha sido una protesta por el caso aislado del Bajo. El manifiesto hizo relación directa con las medidas y actitudes que se han tomado en Iparralde en los últimos meses en contra del euskera: Los recortes de recursos de la Oficina Pública del Euskera y de Euskal Kultur Erakundea, las prohibiciones para hablar en euskera en los tribunales, las amenazas sobre la financiación de los medios de comunicación vascos… hemos denunciado esta política como “lenguicida” y hemos aclarado que decir eso no es hablar en contra de la República, sino denunciar las medidas que perjudican nuestro lenguaje.
Desde el punto de vista del movimiento de las ikastolas, “Lenguizida” recoge bien la situación que se vive: se limitan los derechos lingüísticos, se imponen exámenes en francés, se recortan recursos a favor de la cultura vasca, se estrechan las subvenciones a los medios de comunicación en euskera y, además, en los juzgados se prohíbe el euskera a la ciudadanía. Ante esto, en la conferencia se hizo público un mensaje claro: “Nos vamos a gastar ante toda política contraria al euskera”. La red de ikastolas —Seaska, la Ikastola de Euskal Herria y cada ikastola de los pueblos y barrios— ha renovado su compromiso en esta lucha.
Con la puerta abierta a la entrevista
Sin embargo, el manifiesto dejó la puerta abierta al diálogo. Desde SEASKA y el movimiento de las ikastolas recordamos que siempre hemos sido partidarios del diálogo, pero que sabemos movilizarnos y salir a la calle, imponiendo medidas represivas. Hemos vuelto a solicitar ser atendidos en el Ministerio, y hemos exigido que los cambios que puedan surgir no se hagan, una vez más, a expensas de las lenguas minorizadas. El día de Baiona, según el texto, ha sido “una primera movilización”; desde el movimiento de las ikastolas vemos que tenemos que seguir organizadas para que este año los exámenes también estén en euskera.
Desde la perspectiva de las ikastolas, lo vivido en Baiona no es solo una cuestión de un liceo de Iparralde; está sobre la mesa el propio modelo educativo de Euskal Herria. Las ikastolas educamos a los niños desde pequeños en euskara, y cuando los niños se hacen jóvenes, exigimos que los exámenes se hagan en su lengua materna, por la coherencia y dignidad de todo el recorrido educativo. Por eso, los gritos que se difundieron desde las calles de Baiona —“Baxoa euskaraz! ¡Al euskera no le molesta!”— no son una mera reivindicación a favor de los alumnos de allí, sino una expresión renovada del compromiso de toda la red de ikastolas.